El terciopelo infernal

¡Hola! Para darle la bienvenida al fin de semana como se merece y reírnos un rato, hoy os traigo un nuevo episodio de la sección “cómo ser diseñador de moda y no morir en el intento” que ya tocaba.

La historia de hoy tuvo lugar hace algún tiempo, unos añitos para ser más exacto -no os voy a decir cuantos porque no procede-, y cómo muchas otras historias se me ha quedado grabada en la memoria para siempre (gracias a que tengo una cabeza grande porque sino no sé donde iba a meter tantos momentos dignos de contar en esta sección). Fue uno de esos errores de los que se aprende y con una vez que te pase ya es suficiente, nada de tropezar dos veces en la misma piedra.

Todo empezó un día en el que recibí un pedido online de unas cuantas telas. Por aquel entonces ni siquiera había descubierto la importancia de ver las telas en directo antes de comprarlas y me parecía una forma cómoda de hacerme con unas cuantas. Así que allí estaba aquel paquetito (bueno en realidad era “paquetote”, para variar me pudieron las ganas y compre telas como para abastecer a los diseñadores de toda una Madrid Fashion Week al completo) que contenía mucho material con el que tenía intención de hacer mil cosas. Entre todas lo que pedí había un terciopelo gris-violeta de una calidad bastante discutible y con el que decidí confeccionar un vestido ajustado con una única manga y un hombro descubierto, todo un reto para un diseñador en pañales como era yo en aquel entonces. Era muy novato, aún no me había lanzado a confeccionar vestidos con forro, así que imaginaros, no sé si tan siquiera había puesto alguna vez una cremallera invisible, muy, muy novato.

En su momento me puse manos a la obra, patrón de aquella manera, corte y confección de aquella manera y tachan llegó el día de la prueba. Parece mentira pero desde entonces mi amiga Belén ya era mi modelo predilecta (que paciencia tiene la bendita), y ahí estaba probándose aquel vestido de su amigo diseñador novato.

El vestido le quedaba bien, cosa que ya de por si tenía cierto mérito, pero cual fue mi sorpresa cuando Belén gira sobre si misma y el vestido tenía un color totalmente diferente por la parte trasera y por la delantera. En el momento que lo vi el cerebro me patinó y el ojo me empezó a tintinear rollo la ardilla de Ice Age, no entendía nada, pensé: “debo de tener un derrame cerebral, una lipotimia o algo raro, que alguien me lleve a urgencias”, tras un ratito de intento de asimilación me acerco a Belén y se me ocurre pasar la mano sobre el vestido. En ese instante lo vi todo claro: resulta que en mi mundo novato de diseñador modisto recién salido del horno había cortado las piezas del vestido en direcciones contrarias (lo de ahorrar tela lo tenía muy interiorizado), y hombre eso se puede hacer con muchas telas, pero con terciopelo precisamente no, sus minúsculos pelitos al ir en direcciones opuestas no solo hacen qué el tacto sea raro sino qué el color cambia por completo en las piezas cortadas en direcciones diferentes. Todo un éxito vamos, un aplauso para el novato.

¿Cuanto tiempo estaría cortando y confeccionando el vestido?, pues no lo recuerdo, ¿quizás un siglo? ;), pues en ese siglo ni cuenta me di de que el terciopelo infernal estaba mal cortado. Lo cosí, le puse su cremallera y todas sus detallitos y no me pispé ni por un instante.

Desde entonces he cometido muchos errores con las telas y de todos ellos he aprendido algo, y todavía me quedan muchos errores por cometer, pero puedo prometer y prometo, y pongo a Dios por testigo, como diría Scarlett O´Hara en “Lo que el viento se llevó“, que nunca jamás de los jamases, volveré a cortar piezas de un mismo vestido de terciopelo en direcciones diferentes, siempre y cuando no esté borracho o quiera que quede “raruno” por voluntad propia.

¿Mi consejo si os pasa algo similar? Pues muy fácil, en el momento en el que os deis cuenta de que habéis hecho algo mal y que no tenga solución, como cortar las piezas de un vestido de terciopelo infernal en direcciones opuestas, lo cogéis le echáis un chorrito de gasolina, lo metéis en el bidón metálico que os quede más a mano, encendéis una cerilla y la dejáis caer lentamente dentro del bidón, en unos minutos lo que era un error habrá desaparecido para siempre, podrás creerte que jamás a sucedido, no se lo contáis a nadie (excepto si tenéis un blog de diseño con una sección de “trapos sucios” como esta) y a otra cosa mariposa, y si os apetece y os veis con fuerzas, volvéis a empezar teniendo muy en cuenta el error cometido.

De aquel vestido ya no queda nada, bueno sí, miento, queda el recuerdo de una divertidísima sesión de fotos improvisada:

Belen

Y colorín colorado esta historieta se ha acabado.

Nos vemos el lunes :), ¡Feliz fin de semana!

3 Comments
  • lisbeth
    junio 8, 2015

    yo he tenido experiencias peores.

  • Garnica Elvira
    junio 17, 2015

    ¡Muchas gracias por tus consejos “sos un genio”………….!
    Soy de la ciudad de Lujan-Republica Argentina y me encanta tenerte de amigo.

  • nancy
    junio 25, 2015

    Ojo… Con el cordero a mi me paso lo mismo. Muy buena la página.

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