Como ser diseñador de moda y no morir en el intento / el fotógrafo de la comedia

Hoy tenía intención de enseñaros el proyecto de costura al que he estado dedicando gran parte de la semana, mi primera incursión en el patchwork;  al final me ha pillado el toro y no he llegado a tiempo, prometo que este domingo habrá post y os lo enseñaré todo :).

Como no ha habido tiempo de pachtwork voy a contaros una nueva aventura, o más bien dicho, desventura digna de ser incluída en la sección: “Cómo ser diseñador de moda y no morir en el intento“, titulada “El fotógrafo de la comedia”.

Todo empezó un día en el que me tocaba enfrentarme a una temida sesión de fotos.

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Hubo una época en mi vida en la que me dediqué a cargar de una lado para otro con algunos de mis diseños a la busca y captura de una sesión de fotos en la que participar. Por aquel entonces tenia mi brazo derecho hiper desarrollado al más puro estilo Rafa Nadal de estar todo el día cargando con perchas y kilos y kilos de vestidos.

En la mayoría de las ocasiones las sesiones de fotos suelen ser un éxito total, o al menos parcial, y las disfruto muchísimo -aunque ya hace bastante tiempo que no participo en ninguna-, pero en algunas otras ocasiones se convierten en una tortura. La sesión de fotos de hoy se puede catalogar como “fracaso absoluto” y además con todas las letras.

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No sé si a vosotros os pasará, pero hay momentos en los que nada más empezar a hacer algo te das cuenta de que las cosas no van a salir como esperabas, y si además, al abrir la puerta del estudio para recibir a el fotógrafo que se encargaría de la sesión te da la sensación de que lleva como 72 horas sin dormir, pues peor que peor, acababa de llegar de una discoteca after como mínimo.

Obviamente lo dejé pasar y, lo que es peor, empezar con la sesión pensando que quizás fueran cosas mías, pero no amiguitos, mi intuición fue totalmente acertada.

Mientras a la modelo le hacían la sesión de chapa y pintura, el fotógrafo se lío a colocar focos y reflectores por todos lados, tantos que cuando mirabas al estudio aquello parecía el mismísimo sol, apunto estuve de cogerme la toalla y el bronceador, no os digo más.

Cuando la modelo estaba preparada, alfileres incluidos para ajustar los vestidos, el fotógrafo empezó a sacar las primeras fotos.

En una de estas, en ese estado de euforia festiva que llevaba el fotógrafo en vena, se para y empieza a contar un chiste, pero así, de repente; nos quedamos todos pensando “ya sé, estamos en una cámara oculta del club de la comedia, ya veréis que la Eva Ache sale en cualquier momento de detrás de una esquina”, pero no, no salió ni Eva Hache ni nadie.

Con el primer chiste nos reímos y todo, pero al décimo que contó los chistes empezaron a perder bastante la gracia.

Después del décimo chiste solo deseaba poder tener una varita mágica, rollo Harry Potter, y hacer desaparecer al fotógrafo, a la delgada modelo (aunque con un soplido me hubiera bastado), la maquilladora y a el peluquero en un “chas” y mandarlos bien lejos, y hacer lo mismo conmigo y trasladarme a un lugar en silencio, preferiblemente una playa caribeña llena de pecesillos de colores y agua cristalina.

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Como lo de la varita mágica no era del todo viable, me acerqué al fotógrafo y le dije: “¿Puedes venir un momento?”

Nos apartamos un poco y aproveché para decirle:

– “Fulanito, creo que deberíamos centrarnos en la sesión de fotos, estas cosas van muy lentas, nos estamos cansando y no hemos ni empezado”, y va él y me dice:

– “¿a qué te refieres?”,

– “hombre pues no sé, a lo mejor a que dejes de hacer el payaso un rato, porque un chiste vale, nos puede hacer hasta gracia, pero uno tras otro, pues no, que esto parece de todo menos lo que es”, y va y vuelve a decir:

– “por unos pocos chistes, si es para romper el hielo”. En ese momento me di cuenta de que no había nada que hacer, y continué diciendo:

– “me parece bien, si un chiste es genial, soy el primero al que le gustan, pero es que mientras estas contando un chiste sueltas la cámara y aquí no saca una foto ni Dios, ¿cuantas has sacado? ¿dos?, a la modelo se le va a empezar a derretir la cara con tanto foco”,

– “Bueno, vale, vale, ya no cuento ni uno más”…

Volví esperanzado a mi lugar, esa esquinita desde donde tenía una visión global de todo, estaba seguro de que ahora “tiraría pa’lante”, pero no, su silencio duró aproximadamente 2 minutos, a los 2 minutos y 10 segundos dice: “Venga, venga, prometo que este es el último” y empezó a contar otro chiste.

El equipo y yo nos miramos a los ojos y nos lo dijimos todo: “esto se ha acabado ¿verdad?“.

Por no atracar en mal puerto, y no liarme a leches a diestro y siniestro (la violencia es muy mala), tragué saliva y volví a llamar al fotógrafo.

Y le dije algo parecido a: “mira fulanito, sé que eres la felicidad personificada, pero es que no, que estamos sacando fotos, así que qué te parece si hacemos una ronda rápida de fotos, para que al menos no nos vayamos con la sensación de haber perdido totalmente el tiempo, y en 30 minutos, cada mochuelo a su olivo“.

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 No sé si fue, el silencio tras el último chiste, mi cara desencajada o mi mirada asesina, pero aquellas palabrejas fueron mano de santo, desde ese momento fuimos como un tiro, y aunque tardamos algo más de 30 minutos, al final la cosa no salió tan mal.

Eso sí, desde entonces las sesiones de fotos con el fotógrafo de la comedia se acabaron para siempre jamás ;).

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Y ahora me voy que tengo que seguir cosiendo para poder enseñaros el domingo a la que he llamado “La manta de otoño“.

¡A disfrutar del fin de semana!

Besos

5 Comments
  • Beatriz Azuara
    diciembre 13, 2014

    Jajaja, que buen rato he pasado, me imagino la escena, no me extraña el título de tu post, ahora tuvieste una paciencia bárbara con el fotógrafo aguantar 10 chistes seguidos jajaja. Ya nos enseñarás esa mantita de otoño que tienes entre manos :)

    Besos/Bea

    • Skarlett
      diciembre 13, 2014

      Sí, si es que a veces tienes que tener más paciencia que un santo, pero bueno, no llegó la sangre al río que es lo importante :)…. La manta de otoño está acabada, así que la enseño fijo :). Besos

  • Nina
    enero 26, 2015

    Soy maquilladora y te entiendo a la perfección!!!

    • Skarlett
      enero 27, 2015

      Ja ja, me consuela saber que no soy el único que pasa por estas cosas ;)

  • maria
    marzo 14, 2015

    Chico!!! Santa paciencia la tuya, yo creo que en el segundo ya le hubiera cantado las cuarenta, o me hubiera puesto a hacer yo misma las fotos!!!! Madre mia, hay cada “profesional” suelto…
    No te desanimes, besitus

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